Teresa de Castro

Nace en Molins Rei  en 1968, pero la mayor parte de su vida vive en Vallirana, y desde el 2002 reside en Creixell.
Desde niña le apasiona la pintura y la escultura , no puede cursar sus estudios por motivos económicos, siendo la cuarta hija de cinco hermanos. Su sueño queda en un segundo plano. A pesar de los años, se le presenta una vida muy temprana, siendo madre muy joven con dos hijos. Nunca renuncia a su sueño, su carácter jovial, y don de gente, hacen que tenga la suerte de cruzarse con una persona en 1999, que le cambiará su vida, Manuela Rivero, una prestigiosa escultora reconocida mundialmente, ofreciéndole clases privadas de pintura y escultura de realismo contemporáneo. Le enseña a observar lo exterior y lo interior de las personas, haciendo que sus obras  trasmitan y tengan alma, siendo una de las cosas más difíciles que le inculca. Esculpe unas grandes obras muy importantes. Para ella su lucha y sueño comienzan a dar forma a su vida, hay otra persona muy importante en su vida que la apoyará en todo momento, de ahí su cambio de nombre propio a artístico, Teresa de Castro.
El lenguaje de sus esculturas pretende expresar sus emociones con una  gran sensibilidad. Define el dominio realista, busca una imitación fiel de la naturaleza, plasma el sufrimiento de la actualidad expresando su sentimiento interno con un mensaje escultórico en la vida del ser humano.
Su obra es considerar o percibir lo que ocurre tal como sucede: se nutre de algo interior, le da sentido a conectar con la gente,  llega a sensibilizar y descubrir que su creación cobre vida...
Su tenacidad y constancia la lleva a montarse su propio taller y proponerse un objetivo. Empieza a crear un gran proyecto titulado ´´LOS ROSTROS DE LA GUERRA´´ para el 2018, inspirado en los niños  inocentes .
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